El último monstruo sagrado del cine egipcio, Yussef Chahin, muerto este domingo a los 82 años, realizó una obra tan intimista como políticamente comprometida, sin llegar a lograr en su país el reconocimiento que obtuvo en el extranjero.
Nacido el 25 de enero de 1926 en la cosmopolita Alejandría, en una cuarentena de largometrajes utilizó su país, Egipto, como lienzo en el que plasmar sus ideas de izquierda y antiislamistas
Mucho más conocido en el extranjero que en Egipto, en 1997 Chahin obtuvo la Palma de Oro honorífica del Festival de Cannes por el conjunto de su obra, tras haber ganado un Oso de Plata en el Festival de Berlín.
Educado en francés e inglés, Chahin se marchó con 21 años a estudiar cinematografía a Pasadena, en California (Estados Unidos) y retornó a su país para liderar el cine egipcio, por entonces el más influyente del mundo árabe.
"Quería ser actor, pero se dio cuenta que tartamudeaba un poco y que no era suficientemente guapo, por lo que se dijo que iba a actuar a través de los otros", recordó para la AFP uno de esos actores, Omar Sharif, una estrella mundial descubierta por Chahin.
Pobreza, combate obrero y lucha por la independencia marcaron en los años 50 y 60 la obra comprometida del cineasta, que utilizó sus melodramas neorrealistas para hacer llegar al público sus mensajes políticos.
Entre sus principales películas destacan 'Aguas negras' (1956), con Sharif, 'Estación central' (1958) y 'La Tierra' (1969), obra maestra poética y política consagrada al mundo agrícola.
Su apoyo a los combates para la independencia argelina en 'Djamila la argelina' (1958) se sumó a su celebración del panarabismo en películas como 'Saladin' (1963).
Su ideología, demasiado de izquierdas para el régimen egipcio, y sus roces con el poder, que no cesaron hasta su muerte, se tradujeron por una fuerte censura y un exilio voluntario en Líbano y Francia.
Sin renunciar al cine político, Chahin se lanzó a rodar una trilogía autobiográfica con '¿Alejandría... Por qué?' (1978), 'La memoria' (1982), 'Alejandría aún y siempre' (1989).
La expansión del islamismo sublevó a Chain, que en su infancia había conocido un Egipto tolerante, multiétnico, en el que los cristianos como él y los judíos vivían en armonía. 'El emigrado' (1994), inspirándose en la vida del patriarca bíblico José, y 'El destino' (1997), sobre la vida del filósofo árabe del siglo XII Averroes, le sirvieron para ganarse el rechazo y la censura de los integristas egipcios.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, el cineasta filmó un controvertido cortometraje, dentro de una película colectiva, y posteriormente otra cinta en 2004 para mostrar su desamor por Estados Unidos.
Crítico del régimen autócrata egipcio, su última película, 'El caos', codirigida con Jaled Yussef en 2007, no tuvo el éxito esperado, ni en Egipto, ni en el extranjero.