China se retiró de las instancias del movimiento olímpico durante años, regresando en 1979. Coincidiendo con ese momento, He Zhenliang se convirtió en ministro de Deportes y contribuyó a difundir la idea de utilizar el deporte como vía de extender la influencia global del país.
Años antes se había impulsado una nueva instancia deportiva internacional, que desde sus inicios se presentó como un rival del COI. La idea atrajo a 48 países en la primera competición organizada por el organismo, en el año 1963 en Indonesia.
La muerte del histórico mandatario Mao y la llegada al poder de Deng Xiaoping en 1978 hizo revivir el sueño olímpico de China, promoviendo su regreso a las instituciones del COI e intentando cerrar el largo conflicto. El regreso de los chinos al movimiento olímpico coincidió con unos Juegos convulsos, los de Moscú-1980, que estuvieron marcados por el boicot de Estados Unidos y sus países aliados.
Los esfuerzos de He Zhenliang fueron fructificando y fue elegido en el COI en 1981, donde alcanzó el cargo de vicepresidente. "He Zhenliang fue una figura popular en los círculos deportivos y sin él no sería fácil imaginar a China siendo sede de los Juegos Olímpicos", reconoció Susan Brownell, una experta en el deporte chino y olímpico, además de traductora al inglés de las memorias del dirigente.
Otro de los grandes defensores de las opciones de Pekín para organizar el evento fue el español Juan Antonio Samaranch, presidente del COI de 1980 a 2001.
En 1993, en la adjudicación de la sede del 2000, la candidatura pekinesa rozó su objetivo, pero se vio superada finalmente por Sídney, por apenas dos votos. Al siguiente intento, Pekín no falló y se llevó la organización de 2008, con gran claridad, en la votación del 13 de julio de 2001 en Moscú, donde logró 56 de los 105 apoyos, mientras que Toronto quedó en 22 y París en 18.