Las discusiones se llevan a cabo en un ambiente de fuerte morosidad de la economía mundial y de cuestionamientos sobre las ventajas del sistema multilateral de comercio, agravados por la escalada de los precios de los alimentos y del petróleo. Según el director general de la OMC, Pascal Lamy, "un resultado equilibrado de la Ronda de Doha puede dar un fuerte impulso para estimular el crecimiento económico".
Schwab afirmó que un acuerdo podría también tener un impacto "psicológico" importante para dinamizar el sistema. Y el ministro egipcio de Comercio e Industria, Rachid Mohamed Rachid, alertó que lo que está en juego "no es sólo el sistema de comercio mundial" pues un fracaso amenazaría con "minar la seguridad y la estabilidad planetarias".
El presidente de Bolivia, Evo Morales, afirmó que "los países más pobres serán los principales perdedores" de un eventual acuerdo en la OMC, en un comunicado distribuido en la sede de la organización. La Ronda empezó a negociarse en 2001 y "después de siete años está anclada en el pasado y desactualizada de los fenómenos más importantes que estamos viviendo: la crisis alimentaria, la crisis energética, el cambio climático y la diversidad cultural", sostiene en esa misiva el jefe de Estado boliviano.